Cómo pensar con claridad cuando hay mucho en juego

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Cómo pensar con claridad cuando hay mucho en juego

Maxim Gorbachev

Una experiencia personal con ChatGPT, el asesoramiento profesional y el cuestionamiento de mis propias suposiciones.

La empresa que dirijo está inmersa en un arbitraje comercial. Las pretensiones en disputa ascienden a millones de dólares.

En una situación así, las conversaciones sobre representación legal pueden comenzar con un presupuesto de seis cifras, acompañado de advertencias sobre la urgencia y las consecuencias de demorarse.

Sentí esa presión. Cuando te dicen que debes actuar de inmediato, cuesta evaluar la propuesta con calma. La atención se desplaza hacia cómo evitar el peor desenlace.

Pero las decisiones tomadas bajo presión también tienen su costo.

Llegó un momento en que necesité comprender mejor la situación por mí mismo. Empecé a hacer una parte considerable del trabajo preparatorio con ChatGPT.

Según mi propia valoración, me volví varias veces más productivo. Podía revisar más material, preparar borradores de trabajo con mayor rapidez y considerar más alternativas. Eso tuvo un valor tangible en tiempo, energía y volumen de trabajo que podía asumir por mi cuenta.

Uno de los momentos más importantes llegó cuando dejé de estar de acuerdo con las respuestas que recibía.

Por qué empecé a examinar los consejos

Siempre he valorado el conocimiento profesional. Cuando alguien conoce las reglas mejor que yo, tiene sentido tomar en serio su experiencia.

Pero algunas de las vías que propuse se descartaron por considerarse poco prometedoras. Quería entender en qué se basaba esa valoración. ¿El obstáculo era una norma concreta, las circunstancias del caso o una forma habitual de trabajar?

Antes de comprometerme a un gasto importante, quería entender qué trabajo era necesario y por qué.

Con ChatGPT seguí revisando el material y explorando posibles vías. Volvimos a los documentos, contrastamos información y reconsideramos conclusiones. Yo aporté contexto que la IA no tenía y corregí imprecisiones.

Poco a poco, fui identificando mejor qué preguntas hacer a los profesionales y por qué algunas opciones merecían un examen más detenido mientras que otras convenía dejarlas de lado.

Mi respeto por los especialistas no cambió. Pero adquirí un hábito más deliberado: entender el fundamento de una recomendación antes de aceptarla.

Una respuesta convincente también hay que comprobarla

Tuve que someter a la IA al mismo escrutinio.

Sus respuestas sonaban serenas y lógicas. Sin embargo, en un momento dado sentí que el enfoque propuesto pasaba por alto demasiados matices. No me convencía el rumbo que estaba tomando el razonamiento.

Le pedí a ChatGPT que cuestionara nuestras conclusiones y explorara opciones que no habíamos considerado. Revisamos algunos enfoques y la redacción.

Fue un punto de inflexión importante. Es fácil confundir una respuesta bien escrita con la mejor respuesta disponible. Cuando una explicación parece completa, resulta tentador dejar de buscar.

Pero hay otra trampa. Si la IA acepta de inmediato mi objeción, eso no significa necesariamente que la decisión haya mejorado. Tal vez solo esté respaldando mi nueva postura.

No bastaba con discrepar.

También tenía que examinar mis propias objeciones. ¿Qué pruebas las respaldaban? ¿Qué estaba pasando por alto? ¿Qué consecuencias estaba dispuesto a aceptar? ¿Qué me haría cambiar de opinión?

No podía tratar a ChatGPT como una autoridad cuando me daba la razón y descartarlo como poco fiable cuando no lo hacía. Pensar críticamente exige estar dispuesto a plantear preguntas difíciles tanto a la máquina como a uno mismo.

Podía discrepar sin preocuparme por ofender a nadie

Otra fuente de eficiencia tuvo que ver con las emociones.

En algunas conversaciones profesionales, dedicaba gran parte de mi energía a cuidar cómo se recibían mis preguntas, dudas y desacuerdos. Yo quería examinar los hechos e identificar el siguiente paso, pero también tenía que gestionar la interacción misma.

Mucha gente reconocerá la situación. Uno empieza intentando resolver un problema y termina discutiendo por qué una pregunta sonó a crítica y quién no escuchó a quién.

Pasa el tiempo. El problema sigue ahí.

Con ChatGPT podía rechazar una respuesta, pedir que empezáramos de nuevo o volver varias veces sobre el mismo punto sin preocuparme por ofender a nadie. Eso me dejaba más energía para el trabajo.

Mis propias emociones no desaparecieron. Pero no tenía que gestionar también la reacción emocional de otra persona. Podía volver a abrir el documento y fijarme en lo que decía realmente.

Seguía siendo necesario comprobar las respuestas. Pero discrepar no se convertía en un conflicto aparte, y era más fácil seguir trabajando.

Más trabajo en el mismo tiempo

Las mejoras de productividad se manifestaron en tareas concretas.

El material disperso se convirtió en una secuencia clara de acontecimientos. Los largos intercambios de correos pasaron a ser una lista de preguntas pendientes. Después de considerar alternativas, podía pasar a un borrador de trabajo, comprobarlo y revisarlo de inmediato.

Había menos interrupciones entre una pregunta y el siguiente paso.

Mi aportación seguía siendo considerable. Tenía que leer, explicar el contexto, comprobar las fuentes y decidir qué importaba. A veces tenía que empezar de nuevo. Pero podía hacer más con el tiempo que dedicaba.

El arbitraje sigue en curso. Es demasiado pronto para evaluar su resultado final. Sin embargo, el valor del trabajo preparatorio ya está claro para mí.

La economía de hacer más por cuenta propia

Pagaba $20 al mes por mi suscripción a ChatGPT. Eso representaba una pequeña parte del costo de este trabajo. Mi principal aportación era tiempo y atención.

La representación legal profesional conlleva deberes y responsabilidades que la preparación de borradores con IA no puede sustituir.

Aun así, el beneficio económico práctico era tangible: podía completar por mi cuenta más trabajo que, de otro modo, habría requerido ayuda externa.

Tenía más claro qué estaba listo, qué preguntas seguían abiertas y en qué necesitaba ayuda profesional. Espero que esa preparación reduzca la cantidad de trabajo preparatorio remunerado necesario. Todavía no sé en qué medida.

No puedo poner una cifra exacta al ahorro. Pero comprender antes la situación, organizar el material y elegir el siguiente paso de manera deliberada tienen valor incluso antes de que llegue la factura final, sobre todo cuando la sensación de urgencia dificulta evaluar las opciones con calma.

La IA me ayudó a seguir trabajando sin renunciar al tiempo para pensar. Podía procesar información más rápido sin precipitarme a aceptar la primera conclusión convincente.

Lo que la IA potenció en mí

En un artículo anterior me pregunté qué potenciaría la superinteligencia. Esta experiencia volvió personal la pregunta: ¿qué había potenciado ya la IA en mí?

Mi capacidad para comprender y actuar. Pero para eso tuve que aclarar dudas, cuestionar, verificar y cambiar de opinión.

Esa misma capacidad exige cautela. La IA puede ayudarnos a defender nuestros propios errores de forma más persuasiva. Esa es otra razón para examinar las respuestas que nos tranquilizan con tanto cuidado como las que nos generan resistencia.

La importancia de esta experiencia va más allá de una sola disputa.

Las personas se enfrentan a sistemas complejos cuando apenas les sobra tiempo, dinero o energía. Poder entender qué ocurre, prepararse para hablar con un profesional y hacer por sí mismas parte del trabajo necesario les da más margen para actuar.

Para mí, este es un sentido práctico del transhumanismo: la tecnología ayuda a las personas a comprender y lograr más, sin dejar de ser responsables de sus decisiones.

Hay una pregunta a la que vuelvo una y otra vez: ¿por qué digo o hago esto? Trabajar con IA añadió otra: ¿por qué estoy de acuerdo con esta respuesta?

Me volví más eficaz, en parte, porque seguí dispuesto a cuestionar la autoridad profesional, la máquina y mi propia reacción inicial.

Puedo cuestionar a un experto sin desestimar su conocimiento. Puedo usar la IA sin renunciar a mi criterio. Y puedo reconsiderar mi postura sin tomar ese cambio como una derrota.

Cuando cierro la ventana del chat, la decisión sigue siendo mía.

Y también sus consecuencias.